Archive for noviembre, 2010

noviembre 30, 2010

Coya, puna y bicicleta

por Ciclista Viajero

Me parece que hoy haré mi buena obra del día… Para mí que pinchó. Esta muy lejos el próximo paraje. Deben ser casi 12 km… No va a andar de gusto” pienso y hablo incesantemente conmigo mismo hasta tanto no me saque la duda al llegar a él, que caminaba al costado de la ruta.

– “Buenas tardes, ¿Precisa ayuda?”

– “No… gracias”

– “¿No pinchó o se le rompió algo?”

– “Ya llego a casa…”

– “¿Me deja ver la rueda? Yo tengo inflador, parche, herramientas”

– “Estoy ahicito nomás”

No se porque insistí en ayudar. Tomé su bicicleta casi sin respuesta y empecé a ver si podía repararla. Creo que era mas el silencio del coya aquél, que su desesperación por caminar 12 km empujando la bici. Y a mi me desesperaba mas lo segundo que lo primero.

– “No está pinchada, tiene roto el gomín”

– “Ahh…”

– “Si no le molesta, se lo reparo como puedo, va a quedar mas o menos pero le va a dar para llegar a su casa”

– “Bueno”

Creí escuchar un agradecimiento en su tono, pero era mas fuerte el sonido del viento puneño que baja siempre desde la montaña al atardecer. Y continué reparando, en silencio.

– “Ya está, debe aguantar ahora”

– “Sí”

– “Yo voy para el mismo lado, si le parece y usted me deja lo acompaño hasta el pueblo, asi me quedo tranquilo que no se le desinfle”

Él tenía inflador, pero estaba maltrecho…

– “Bueno”

Los 12 km fueron silencio y algunas palabras. Pero la compañía no era charlada, era en presencia. En medio del viento giraba mi cabeza para verlo y controlar su rueda. Él me sonreía apenas.

Al llegar me despedí sin esperar gran respuesta, pero su invitación a tomar algo caliente a su casa fue el “gracias” que no dijo nunca en palabras…

El viento suele sonar mas fuerte que la voz del coya, pero éste sabe dar un abrazo sentido a través de la calidéz de un simple mate cocido.

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noviembre 30, 2010

Doblando…

por Ciclista Viajero

Circulo rápido, el reloj parece jugarme en contra, obstinado en mostrarme mi retraso. Ella me espera y no quiero hacerla esperar más de lo debido.

Trato de evadir autos, pelotas que cruzan la calle con un niño detrás, y voy contando cuadras como si eso me hiciera ir mas veloz.

Contar cuadras, mirar reloj, esquivar autos… y así casi me olvido de doblar. Y doblé…

Doblé la esquina sintiendo el cuerpo pegarse al sillín. Baje mi torso. El aire se sintió como ráfaga. Mi cuerpo se acercó al piso. Estaba al punto máximo de inclinación. Y por un instante deje de correr contra el tiempo, solo me dejé llevar por la inercia.

¿Cuántas veces vemos el mundo así de inclinado? Es tan fugáz que no dura mucho. Solo una imagen de esa que queda en la retina podría perpetuarlo. Pareciera que todo se cae a un lado mientras uno va para el otro.

Y en ese otro lado es donde alguien espera aún. Y vuelvo a contar cuadras…

noviembre 30, 2010

Chingolitos enamorados

por Ciclista Viajero


Con la mano en el freno de la bici, trato de no moverme y tomar mi cámara. Los dos enamorados que expresan todo su instinto aún no se percatan de mi presencia.

Los veo tan frescos, espontáneos en su propio ritual, que pienso porque siendo tan natural la vida, nos cuesta expresarnos de tal manera, levantando nuestros propios vuelos compartidos…

noviembre 30, 2010

Pique

por Ciclista Viajero


Los días fueron largos. La obra ya terminó y por unos días no hay nada para hacer. Y no hay días mas largos que en los que no se hace nada…

“¡Dale chango, metele un parche!” se escucha el grito atravesando desde el patio del Toto a lo de su vecino Rubén. Carlitos, el más joven, los espera afuera sobre su bicicleta, con las lineas, plomadas y el deseo de una buena pesca.

Surcan la ciudad con la mochila llena de anzuelos y necesidades. Los chicos esperan en casa. Quizás a la noche coman chupín.

El muelle los acobija un buen rato, pero la racha es mala parece. “Debe ser la calor” dice Rubén…

El aire caliente, el sol directo, el olvido de las gorritas en la salida apurada aplaca los ánimos de los dos mayores y los obliga a refugiarse a la sombra de los pinos con una gaseosa barata para calmar la sed. “Es más rica la otra, pero por lo menos está fría” comenta Rubén. El Toto no está de ánimos para comentarios. Se le van los pensamientos en el hasta ahora inexistente chupín.

Mientra éstos se quedan esperando que les pique la esperanza, Carlitos, el más joven, sigue en el muelle con las lineas, plomadas, revisando, encarnando, con el deseo de obtener una buena pieza para cumplirle a su nene de 7 años la promesa de pescado sobre la mesa.

noviembre 30, 2010

Semáforo en rojo

por Ciclista Viajero


El semáforo interrumpió brevemente mi deriva. Pero… ¿Fue realmente breve? ¿Alguien sabe realmente cuanto tiempo transcurre frente a él?

Durante el rojo apoyé mis pies en el suelo y los segundos comenzaron a pasar por mi reloj, las pelotitas del malabarista tomaron altura y fueron dominadas en el aire, la senda peatonal fue atravesada por varios peatones apurados, un perro callejero aprovecho la ocasión, un conductor bajo y acomodó su limpiaparabrisas, yo mismo me ausente del momento pensando hacía donde rumbear luego… Recorrí en mis pensamientos el borde del río, el asiento donde una vez a ella besé, el parque que recorrimos luego y, mientras sonreía, la vuelta a mi casa regresando por calles distintas a las de siempre con el deseo firme de unos buenos mates de recompensa…

Y de pronto volví allí. Seguía con el pié apoyado en el suelo.

Sentí que el tiempo me volvía a atrapar en ese semáforo. Para escaparme, yo le tomé el tiempo a él.

1 minuto 37 segundos.